Viaje a Israel (Sexta parte)

MUJERONES <3
MUJERONES <3

Sukkot, la celebración más feliz según los Kabbalistas, el día del año donde debemos conectar con felicidad y certeza absoluta; difícil conservarla cuando las cosas a tu alrededor no salen como esperas, cuando tus sueños se truncan, cuando el corazón se rompe (intenta convencer sobre la certeza a alguien en un sitio oscuro, no es fácil y debe ser comprensible). Escuchando a distancia amigas pasando por momentos muy dolorosos, personas luchando por conseguir un empleo digno, mujeres llorando porque su compañero no las aprecia ¿Y cuál es el trabajo? Mantenerse conectada, conservar la certeza de que todo está trabajando para un bien mucho  mayor que ahora no ves.

¿Les ha pasado que en Sukkot siempre llegan retos mayores? Algo que me hace mucha gracia (ahora) es que siendo mi celebración favorita, siempre me toque enfrentar desafíos en lo que se me repite ¿Dónde está el trabajo? ¿Dónde está la respuesta en dejar de hacer lo que siempre haces? ¿Y si ya lo dejaste de hacer y no pasa nada? Puedo jurar que ustedes se hacen estas mismas preguntas ¿Verdad?

Llegué a un Hotel que más bien parecía el paraíso, un refugio hermoso en Jerusalem con una vista majestuosa de la Ciudad de David, cuando llegué y vi esa imponente construcción desde la terraza del Mamilla (haciendo investigación, encontré que la palabra hace alusión a un viejo barrio en Jerusalem que es donde se encuentra el hotel, cerca de la puerta de Jaffa, aunque también encontré que en árabe significa  “Lo que es de Dios”) solo pude pensar mientras me estremecía ¡Como quisiera que estuvieran aquí mis padres y pudieran ver esto!

Vista del hotel Mamilla

La cena y conexiones de Sukkot en Jerusalem fueron algo divino. Uno tiene que empezar agradeciendo por poder estar ahí, por comer deliciosa y abundantemente, cantar junto a tus maestros Karen y Michael Berg después de la cena, saludarlos y compartir su energía, por estar rodeada de almas humanas y que te abrazan con sus actos. Hoy les voy a contar algo que me sucedió. La noche después de terminar Sukkot me fui a mi nuevo hotel, que sin saber estaba en la zona árabe, me quedé tres días más yo sola para conocer la parte cristiana, reservé un hotel tipo “City Express” con buen precio y solo para dormir, pero el pequeño detalle es que estaba en la zona árabe y yo no lo sabía hasta que llegué ahí, nos fuimos en un mismo taxi mis amigas y yo, cuando llegamos a su hotel, el taxista no quiso llevarme por ser judío (le daba miedo ir a la zona árabe porque podrían apedrearlo) Yo, en ese momento pensé “Ay Pilar tú siempre de autosuficiente, muy valientita sola en una ciudad que ni conoces, a donde te fuiste a hospedar” con el nudo en la garganta que provoca muchas veces la soledad, porque si, tengo muchos años valiéndome por mí misma, pero es cierto que la soledad y yo tenemos temas inconclusos y más en momentos como ese. En eso, mis dos amigas que bajaron en su hotel, le dijeron tome (le dieron 50 shekels) llévela, nosotros sabemos que usted la va a cuidar.  ¿Saben que me ha enseñado Kabbalah, además de las klipots, las emanaciones y el pensamiento de la creación? y esta es una confesión que no quiero hacer (no es mi fuerte exponer mis debilidades, por eso hago este blog) pero que se que debo;  a valorar y agradecer tener en mi vida personas como ellas (Y como los Sarfati, los Varela, los Itic, los Dua, los Berg) es gente bien y no tiene nada que ver con el dinero, tiene que ver con hacer sentir bien a los demás (seguramente vieron mi cara de WTF y mis ojos llorosos o aterrados pensando mil cosas) y sin ser sobreprotectoras ni exagerar, solo compartieron algo que para ellas no representaba una diferencia (dinero) y que para mí representó un abrazo por sentir que alguien se preocupaba por mí allá en un país tan lejano donde no estaban cerca los míos. Si, no tiene nada que ver con dinero, igual yo hubiera pagado esos 50 shekels y el taxista me habría terminado llevando, pero lo que quiero compartir es la importancia y la conciencia de estas dos mujeres maravillosas que entendieron que lo que yo necesitaba en ese instante era que alguien se preocupara por mí y por eso su acto de generosidad (Por eso lo delicado del compartir, no es nada más dar caridad, es la conciencia y tus actos lo que de verdad importa ¿De que sirve el dinero que donas cuando tratas sin respeto a los demás?) Eso es lo que a mí me ha dado el centro de Kabbalah, personas (que puedo contar con los dedos de la mano y me faltan dedos ¡no me sobran como dice el dicho!) que saben lo importante que es tratar con amor, “care” y dignidad a los demás. Gracias chicas.

Comunidad del mundo en Sukkot

Los siguientes días fue un recorrido por todo lo Cristiano (mi hotel en la zona árabe quedaba cerquita del monte de los olivos, por eso lo escogí jeje) y también fue una experiencia hermosa, pero para esa narración posiblemente haré un blog a parte.

Regresé a Tel Aviv y mis hermosas compañeras de comunidad me compartieron una cama para mi último día en Israel;  la sonrisa, el encendido de velas de shabbat juntas, la cena, la compañía eso es lo verdaderamente importante y eso solo lo saben las personas que conocen del 99%, tener a estas mujeres en este viaje ha sido una de las bendiciones más importantes. Ese día en la cena de shabbat Sukkot pude ver a los ojos a Karen Berg (es que me impone tanto que nunca le había aguantado la mirada, me da pena que siento que me le voy a quedar viendo babeando y va a decir ¿y esta loca? jaja) Bueno, ese día pude, la vi a los ojos y entendí ese balance de energía: Fuerza y misericordia, una mujer entera e inquebrantable pero dulce y compasiva; mucho que aprenderle como mujer, en mi caso a encontrar mi balance entre quererme y darme mi valor pero no caer en la soberbia y la antipatía.

Yo hoy, a dos meses de mi viaje me sigo emocionando al escribir esto porque no hay cosa más importante que el cariño, que el trato humano. Porque me ha quedado claro que el amor es el único poder que puede cambiarlo todo. Y tenemos la gran responsabilidad de mantenerlo en práctica (aunque cueste mucho esfuerzo).

 

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