Tu corazón esta roto, tu alma no.

Siempre, en la mayoría de las historias clásicas de amor existe una Eponine  de Los Miserables, una Liù de Turandot o un Mark de Love Actually. Ese personaje que ama profundamente al protagonista pero que no es elegido con su amor en retorno, ese personaje noble, intenso, que sufre y nos saca la lágrima, que nos lleva hacia el límite emocional y nos pinta un escenario donde la vida no es justa o eso creemos.

Recuerdo que cuando vi por primera vez El fantasma de la ópera, sentí tanta tristeza por Erick  el pobre fantasma, ahí, dando todo por Christine, enseñándole todo sobre el canto ¡él hace de ella una estrella! La ama tanto y al final llega el príncipe azul (o en este caso un vizconde) Raoul para arrebatarle a su amada y si, en un principio el fantasma se enoja, la quiere raptar pero todos sabemos como termina la historia, ese personaje despreciado tiene buen corazón, deja que su amada sea feliz con quien quiere, porque ese es el verdadero amor.

Tal vez los clásicos en su infinita sabiduría (siempre he creído que las novelas clásicas tienen encerrado tanto que aprender y que aunque fue escrito hace tanto tiempo resulta ser actual, tan actual como El Conde de Montecristo, Romeo y Julieta o Los Miserables) los clásicos quieren mostrarnos eso, eso que ahora vemos repetido en tantas páginas de instagram con bloggers que en este tiempo que la tecnología lo permite lo hacen viral pero que no tiene nada de nuevo:

“Todas las personas en tu vida tienen un propósito, enseñarte algo, aprende y deja ir”

Necesitas ser muy insensible para que no te conmueva Eponine cantando On my own, creo que todos hemos tenido alguna vez esa persona que amamos tanto, por la que dimos todo y que nunca nos correspondió, porque no era, porque así tiene que ser, porque no tocaba. Aquí el aprendizaje (Creo) es  entender que el amor también nos enseña a saber perder, que esa experiencia nos pone la mayor prueba al corazón, a la entereza, a la bondad y la verdadera dignidad humana. Todo el mundo tiene derecho a enamorarse de quien decida y no porque le ames tienes el derecho de que te correspondan y a nadie debería de juzgársele o reprochársele que no haya surgido un amor dentro de sí.

Te rompiste el corazón, no el alma y el alma siempre está abierta para recibir a quien si es, creo firmemente que cuando entiendes esto, cuando te abres a recibir negativas con una sonrisa, sin envidia, sin rencor y sin reclamos (típico que como en las novelas baratas, no los clásicos, queremos buscar al malo de la historia y ese malo no existe no te engañes, ni Eponine, ni Liù, ni Mark querían arrebatarle nada a nadie, solo querían y querían mucho) y así de pronto, como magia, como Luz aparece quien si vino a amarte, parece tan loco y es tan sencillo y tan comprobado, en el momento que sonríes y agradeces que estuvo, que pudiste amar otra vez y que no necesitabas ser correspondido para ser feliz (aunque sabemos que si, que todos merecemos el círculo virtuoso del amor correspondido pero todo el secreto está en aceptar y soltar el control) aparece esa persona que estaba esperando que aprendieras eso, a querer, a fluir, a confiar, a ser tu mejor versión.

Y si, no se culpen por cuidar su corazón, se vale no cruzar miradas, los ojos revelan todo lo que el corazón tiene dentro y también es bueno respetar y tener respeto hasta que el corazón encuentre su rumbo. Recuerdo un día alguien a quien yo le rompí el corazón me dijo: no es que no te quiera, no es que me caigas mal, no es que te deseé mal; es que necesito tiempo para poder verte de nuevo y que no descubras en mis ojos todo el amor que aun te tengo, dame tiempo (espacio). Así que en cualquiera de las dos esquinas, la del corazón roto o la que lo rompió aprende, y si puedo compartir un consejo sería este:

“Recuerda que si tu corazón está contento tienes más capacidad de comprender al que lo tiene roto, se paciente, se comprensivo, se humano. Tal vez necesites esa comprensión alguna próxima vez”

Mientras más rápido aprendes más bonita es la vida.

 

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