2018

Como cada año me gusta hacer un recuento de lo que aprendí, de lo que no aprendí (jaja y la volví a regar), de lo que superé y lo que dejé atrás; pero sobre todas las cosas: de lo que agradezco.

1- Este año aprecié más que nunca la presencia de mis papás, entendí que los únicos que van a estar para mí pase lo que pase son ellos. Mi única y verdadera familia. Su respaldo invaluable con todos mis defectos y los suyos, con nuestras diferencias, nuestros pleitos. El cariño está ahí y el deseo por ayudarnos siempre (Ese es el amor verdadero).

2- Abrí los ojos respecto a personas que no tienen un afecto genuino hacia mí. ¿Doloroso? ¡Si! pero necesario entenderlo para poner límites. No puedes permitirte ser utilizada, ni por gente de tu sangre, nadie tiene derecho a utilizarte a su conveniencia, nadie tiene derecho a tratarte mal hasta hacerte llorar en silencio. Si, tu deber es amar a los tuyos, pero ni a los tuyos se les mendiga amor (ni hablar de los ajenos).

3- Hice el que es hasta este momento el mejor viaje de mi vida, conocí Jerusalem, Safed, Tel Aviv, conocí personas maravillosas de todo el mundo, me reencontré con otras personas que extrañaba montones, me cargué de energía, recibí mensajes y recobré mi fe.

4-Adquirí (o alimenté) mi sexto sentido, las cosas ya no se ven como antes, las cosas ahora si se ven como en realidad son. No es nada cómodo, más bien en su mayoría de las veces es frustrante y revelador, se requiere valor para tener una intuición más desarrollada, bienvenida.

5-Aprendí que la mejoría del mundo no solo es acerca de mí. Entendí que primero tengo que empatizar con muchas personas que viven en situaciones “injustas”. Me ha quedado claro que yo soy privilegiada y que parte de contribuir para una mejor humanidad es empezar a pensar en todos, no nada más en mí (como lo hacen tristemente algunos en abundancia).

6-Abracé mi “soledad” por fin dejé ir la idea de que mi felicidad depende de encontrar a mi alma gemela, al fin acepté que posiblemente en esta vida no vine a vivir con mi otra mitad y a estar bien con ello, a disfrutar de mi amplia cama, mi perrito, mi vida en “soledad” pero llena de mucho amor (genuino de pocas personas) pero con ese basta.

7- Y respecto a mi alma gemela: Si, este tiempo es difícil, el compromiso cada vez es más desechable o inexistente, vivir con estas creencias puede ser decepcionante. Pero aprendí a no perder de vista que mis pensamientos influyen en la memoria colectiva y que si yo deseo y doy respeto solo puedo esperar lo mismo. ¿Se acuerdan de  cuando tus papás te decían: “y a mí que me importa que todos reprobaron a mí me importas tú”? bueno pues lo mismo, a mí no me importa que el 90% de la población crea que el divorcio y lo desechable sea cool. Yo creo en el compromiso y en el trabajo verdadero en pareja, si llega bien, si no, NUNCA CONFORMARSE CON MENOS.

8- Di segundas oportunidades, no fueron apreciadas. Viví el desprecio y dolió pero luego me reconfortó el hecho de que todo lo dado con amor tiene devoluciones mágicas. Me raspé y me curé sola. Me estafaron y pude reírme porque solo es dinero (y créanme, la forma más barata de pagar en esta vida siempre será el dinero). Vi a amigas crecer, mejorar su vida y su cuerpo y pude alegrarme junto con ellas. Encontré nuevas amigas y maestras en el camino. Pude ver con claridad la diferencia entre ser espiritual y pretender serlo (y trabajar todos los días por ser del primer grupo, porque es bien fácil salirse).

9- Aprendí que la única forma de pasar a mi siguiente nivel es aguantando unos trancazos con la certeza de que solo son los escalones para lo que viene. Aprendí a “aguantar vara” con la conciencia correcta, esta vez no salí huyendo, esta vez que me quedé con la certeza de que eso será  lo que me traerá más bendiciones.

10- Aprendí que quien te quiere hará las cosas por tí y no solo se quedará en dichos.

Feliz 2019 y gracias por leer.

 

Con mi sobrino en navidad

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